Prueba enlaces galería

Enlace a adjuntos

Enlace medios

Enlace a ninguno

Anuncios

Madagascar CUADRADO blanco sin letras

Cabecera letras SIN TITULO cast

 

 

Clicka la primera para ver las fotos.

 

 

 

cambio de idioma

 

A lo largo de 160 Km el tren serpentea desde el bosque nuboso-lluvioso de las Tierras Altas hasta las llanuras índicas de la Costa Este. Cada giro en el camino puede sorprenderte cruzando un puente de cuarenta metros de altura o siendo devorado por las negras fauces de un túnel de longitud impredecible; con una deslumbrante catarata o con arrozales pintando un paisaje que corta la respiración.

 

Durante 18 paradas este tren une, una vez por semana, algunas aldeas perdidas en la selva que solo tienen este medio para hacer negocio. En muchos de los pueblecitos no hay carreteras alternativas debido a la difícil geografía.

 

La llegada del tren es todo un acontecimiento en el pueblo. La gente espera en la estación, engalanados con sus mejores trajes, ofreciendo su gastronomía, esperando a familiares, el sofá que compraron o, simplemente, la posibilidad de vender algún producto local a los viajeros del tren. Éste, al menos de momento, no es un tren turístico sino un evento social para los locales, una parte de la vida diaria.

 

La lenta velocidad, no más de 20-30 Km/h contrasta con el frenético tránsito de gente subiendo y bajando, de trabajadores cargando y descargando mercancía, de vendedores ambulantes vendiendo comida a los pasajeros a través de puertas y ventanas…

 

El sonido de este tren es el ruido de la vida.

 

 

icono mapa 01       icono escribir 02

 

icono video03

 

 

icono volver 01

 

 

 

 

 

 

 

Kungsleden CUADRADO blanco

Cabecera entrada KUNGSLEDEN SIN caste

 

 

Clicka la primera para ver las fotos.

 

 

 

cambio de idioma

 

Lars estaba sentado en uno de los  bancos dentro de la sauna. Había otros tres hombres que no conocía de antes. Habían estado hablando  por educación acerca del tiempo y otros temas irrelevantes. Ahora reinaba el silencio. Cada uno de ellos  estaba perdido en sus pensamientos. Él estaba algo cansado pero feliz por la belleza de los parajes que había contemplado a lo largo de la jornada. De repente se acordó  y no pudo reprimir una amplia sonrisa. Sintió la necesidad de compartirlo con los demás: “Lo más extraño que he visto hoy ha sido… un grupo de españoles  haciendo  la ruta en raquetas de nieve”, dijo y lo dejó en suspense esperando la reacción de los demás.

Los otros se giraron hacia él y sonrieron.

“Me han dicho que venían hacia aquí”, continuó Lars, “Por lo que parece, están haciendo el Camino desde Abisko hasta Nikkaluokta…”

“¿En raquetas?”

En raquetas.

Y todos ellos rieron de forma sonora.

 

Yo era uno de esos españoles. Nunca había hecho un trekking con raquetas y menos en invierno por Laponia.  Así que cuando oí hablar de este viaje no dudé en apuntarme. Recorrimos unos 120 Km en 7 días a través de la Laponia sueca, siguiendo  el “Kungsleden”(“El Camino del Rey”, una especie de versión sueca del Camino de Santiago). En invierno. Bastante frío por la noche. Pero recorrerlo en esta estación me regaló la belleza única de las tierras del Norte en su elemento; A los hermosos paisajes de día le sucedían las heladas noches, en ocasiones, con la danza de las auroras  sobre nosotros.

 

icono mapa 01      icono mapa 02

icono video03

 

icono volver 01

 

 

 

 

 

 

 

NUEVA cabecera green sin letra

Cabecera entrada greenland SIN TITULO SUBRAYADO 02

 

 

Clicka la primera para ver las fotos.

 

 

 

cambio de idioma

 

 

Carmen me hizo la pregunta. Su voz y la fría brisa del fiordo me rescataron de mis pensamientos. Yo era plenamente consciente de que el motivo principal por el que estaba en Groenlandia era huir de mí mismo, o tal vez intentar encontrarme. Era 2014 y mi vida se encontraba en un punto de inflexión, de forma que le dije que estaba allí buscando preguntas y tal vez algunas respuestas. Inmediatamente sonrió y me dijo: “Groenlandia siempre da una respuesta a quienes tienen una pregunta. Ya lo verás.”

Y así empezó mi camino a través de los hielos que flotan, el frío del aire cuando el  sol se pone, la magia de las luces de la noche, las orillas salpicadas de casas de colores y el calor de pertenecer a un clan.

Hoy, años después de aquel viaje que rompió mi zona de confort , sé que encontré respuestas. Ahora puedo ver con claridad que las citas Inuit que leí en la pared mientras disfrutaba un café en mi último día en Narsaq, estaban repletas de significado.

 

“Piumasatit tamatigut pinavianngilatit, sulissutigisatilli piumaarujatit…”
(“Disfruta este momento porque este momento es tu vida”)

 

“Iluananrneq nalaatsortumik pineq ajorpog, ilungersorluni, qasusuisaarluni, ilinniarluni, misissuilluni, pilliuteqarluni annermilu suliannik nuannarinnilluarnikkut aatsaat pisarpoq. Itinerusumik asannisigit. Qanilaarnerusumik ogalugit. Pilertornerusumik isumakkeerfiginngit, Ulloa sunaluunniit inuuninni ullutut kingullerpaatut isigisaruk…”
(“Espero que leas buenos libros, y que beses a alguien que piensa que eres maravilloso, y que no olvides crear algo de arte, escribir o dibujar o construir o cantar o vivir como sólo tú puedes. Y espero que, en algún momento del próximo año, te sorprendas a ti mismo…”)

 

 

Este texto es un extracto del relato que escribí hace cuatro años. Si te apetece puedes leerlo aquí.

 

icono mapa 01                    icono mapa 02                                     icono video03                   icono escribir 02

 

icono volver 01

 

 

 

 

 

NUEVACabecera SVALBARD sin titulo barco

Cabecera entrada greenland SIN TITULO SUBRAYADO castellano

 

Clicka la primera para ver las fotos.

 

cambio de idioma

 

 

“Remota y desconocida.

Fascinante y sorprendente. Difícil. Irrepetible.

Una vez conocida, inevitable. Salvaje. Auténtica. Sin aditivos.

Que corta la respiración. Única. Svalbard.”

 

De esta forma le describí a una amiga mis impresiones a la vuelta del viaje.

Sin embargo, antes de ir, este viaje generó reticencias en mi entorno…

 

–Longyearqué??

–Longyearbyen, capital de Svalbard. –Repetí, armándome de paciencia.

–¿Y qué se te ha perdido allí? –Insistió mi madre.

–Es el sitio habitado más septentrional del planeta.–Argumenté.

–Pues si más arriba no vive nadie, será por algo… –Sentenció la mujer, con ese tono que emplean las madres para hacerte sentir culpable de algo que aún no has hecho.

Desde aquí partieron las expediciones que intentaron (y finalmente una lo logró) llegar al Polo Norte. Pero lo cierto es que Roald Amundsen le traía sin cuidado a mi madre; ella es una firme creyente de que no hay nada por ahí fuera que no pueda encontrar (y mejor) en el barrio.

 

 

–Te vas a marear como Dios. –Dijo mi padre negando con la cabeza.

–Me han dicho que en un par de días te habitúas al vaivén del barco. –Intenté negociar con él.

–Como experiencia estoy de acuerdo en que es única, pero te vas a marear… –Sentenció el hombre.

La verdad es que tampoco convencí a mi padre de que recorrer la parte Noroeste del Archipiélago de las Svalbard en una goleta, fuera una gran idea. Y, por supuesto, me mareé como Dios.

 

 

–Al menos, si está tan al Norte, seguro que vas a ver auroras… –Otorgó mi hermana.

–En Mayo hay 24 horas de Sol. Imposible ver auroras. –Reconocí con la boca pequeña.

Que la fotografía de paisaje nocturno fuera una de mis favoritas, no hacía que esta época del año fuera la mejor elección posible.

 

 

–No me gusta lo de los osos polares. Ten cuidado, no vaya a ser que te confundan con una foca y les entre ganas de probarte.–Dijo mi ex con franca preocupación.

–Ese es uno de los alicientes. Hay más de tres mil osos polares, más que personas. Con un poco de suerte, igual veo alguno.– Le expliqué con ilusión y esperanza.

Volví del viaje sin ver ninguno.

 

 

Pero, pese a todo, el viaje había superado mis expectativas, les dije a la vuelta; y les enseñé estas fotos. Aunque confieso que ninguna de ellas huele a mar como la brisa de proa. No hay ninguna foto que te haga escuchar el sobrecogedor silencio frente al glaciar, que se rompe, de tanto en tanto, a golpe de derrumbes. Desde luego, el agua de las imágenes no es tan pura; ni el aire tan limpio; ni el viento tan frío…

 

icono mapa 01                                                      icono video03

icono mapa 02

 

 

icono volver 01